Cultura

El café nuestro de cada día no es tan nuestro como se piensa

Ante la insuficiente producción de café puertorriqueño que obliga a importar una gran cantidad de granos extranjeros para satisfacer la demanda local, se ha promovido en voz baja omitir la procedencia del café en algunos coffee shops locales y torrefactores, ante la posible pérdida de clientes que por generaciones, han consumido café como parte esencial de la cultura puertorriqueña.

“El consumidor siempre ha estado lejano a todo. El torrefactor nunca se ha atrevido y el gobierno nunca se ha atrevido a decirle la verdad (sobre la proveniencia del café) al consumidor y educarlo”, dijo el director del Museo del Café en Ciales y dueño del café Don Pello, Pedro “Pichi” Maldonado Ramírez.

Según el administrador del museo, los puertorriqueños consumen café extranjero desde el 1954 debido a que la producción de café local no satisfacía la demanda. “Pero nunca se educó al consumidor ni se le dijo que se estaba consumiendo café de otros países porque Puerto Rico no produce lo suficiente”, añadió.

“Hay que decirles la verdad, ¿cómo vamos a coger de tontos a los clientes?”, argumentó Maldonado Ramírez.

De acuerdo con el director interino de la División de Estadísticas Agrícolas del Departamento de Agricultura, Rey Rodríguez Nieves, antes del huracán María, los  quintales de café que se importaban eran bastante constantes, pues las cifras rondaban entre 249 mil a 263 mil quintales para los años fiscales 2014 a 2015 y 2016 a 2017.

No obstante, sobre la producción local, el agrónomo mencionó que “se debe tomar en consideración que, en los pasados años, la broca (plaga) afectó unos años más que a otros y que hay que medir las sequías y otros factores que pudieron haber afectado”.

Rodríguez Nieves señaló que el valor de las pérdidas en las fincas de café en la Isla, causado por el huracán María, llegó a los $18 millones, según el ajuste más reciente que realizó la agencia. El portavoz de la División de Estadísticas Agrícolas indicó que no hay datos disponibles sobre los números de producción local e importación desde el paso del ciclón.

Mientras recorrió las facilidades de su museo dedicado a la historia del café puertorriqueño, Maldonado Ramírez afirmó que casi todos los consumidores están comprando café semitostado del gobierno de México porque la producción local no da abasto. “Puerto Rico consume 300 mil quintales y la cosecha del año pasado no llegaba a 15 mil”, afirmó.

El también empresario indicó que los cafés importados no están diciendo que son extranjeros, pero tampoco dicen que es café de Puerto Rico. Las etiquetas de café de este tipo ahora leen: “elaborado con café puro de Puerto Rico y café puro importado”.

Por su parte, el secretario del Departamento de Agricultura, Carlos Flores Ortega, dijo que la situación de la industria cafetalera es compleja “y no puede resolverse con una sola medida”, entre las que mencionó el aumento de eficiencia de los productores, mayor participación de obreros en las faenas de siembra y cultivo, más manos para el recogido de café y mejorar la calidad del producto.

“En los últimos años se ha visto una tendencia a mayor venta de cafés a mayores precios si la calidad y empaque son de la calidad que busca el consumidor. Tenemos marcas 100 por ciento café de Puerto Rico con precios que fluctúan entre $7 a $10 dólares mientras que las marcas de mezcla con arábico y robusta se mantienen en precios de $3 a $4 la libra”, puntualizó Flores Ortega.

El administrador del museo cuestionó: “¿Por qué tengo que permitir que venga alguien de afuera y venga a poner en peligro lo que es nuestra industria? No hay dinero que pueda pagar eso, y esa es mi preocupación”.

Según Maldonado Ramírez, la culpa de que el consumidor no quiera pagar más dinero por un café local de mayor calidad se debe a los controles de precio estipulados por el Departamento de Asuntos del Consumidor (DACO), los cuales provocaron el cierre de torrefacciones y que agricultores y caficultores abandonaran la industria.

No obstante, subrayó que el consumidor se acostumbró a pagar $4 por su libra de café, perdiendo de perspectiva que esas 16 onzas de café molido pueden producir hasta 40 tazas.

“Esto obliga al torrefactor a bajar la calidad. Yaucono no es el mismo de hace 10 años. No es el Yaucono de hoy porque el margen de ganancia es tan pequeño que obliga al torrefactor a usar café robusta, que es café de tercera”, mencionó el museólogo.

El codueño de Sandra Farms, Israel González, apuntó que la empresa torrefactora, Puerto Rico Coffee Roasters (PRCR), está estrangulando a su competencia. “No estoy acusando a PRCR, pero una empresa que controla el 80 por ciento del mercado es un monopolio, punto”, aseveró.

Sube la demanda de café en Puerto Rico y la cantidad de café importado

El secretario del Departamento de Agricultura afirmó que los propios torrefactores son invitados como observadores en el proceso de subasta para que escojan la calidad del café e hizo énfasis en que estos tienen que importar para satisfacer la demanda local.

“La importación de café es una actividad obligada y estrictamente necesaria para mantener en operación unas 46 empresas dedicadas a la torrefacción de café que requieren sobre 200 mil quintales de café arábico y robusta anualmente”, respondió Flores Ortega.

La cantidad de café importado que compra el gobierno, con algunas variaciones, se ha mantenido en un promedio anual de entre 105 mil y 263 mil quintales durante los pasados 20 años.

De acuerdo con el museólogo, la regulación de la importación del café extranjero recae en manos del DACO, pero no lo está cumpliendo debido a falta de personal, poco conocimiento de la industria cafetalera y la “vista larga” que ha tenido que asumir el gobierno para proteger su imagen ante la producción insuficiente de café local.

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La antigua fábrica del Café Cialitos se convirtió en el Museo del Café, el cual está ubicado en Ciales. Foto: Angélica Serrano-Román.

1925: el último año en el que Puerto Rico produjo café para la exportación

Maldonado Ramírez relató que para el 1925, la Isla produjo grandes cantidades de café para exportar. Sin embargo, recibió los embates del huracán San Liborio para el mes de julio del próximo año, afectando el cafetal.

Para el 1940, el gobierno estadounidense le prohibió a Puerto Rico exportar café, para así tenerlo en el inventario de las tropas del ejército. Desde entonces, la Isla tiene la ley del arbitrio protector, que es la que le impone una arbitrio a cualquier café importado, según explicó el historiador. Puerto Rico le había vendido café a Europa, Checoslovaquia, Argentina, Cuba, entre otros países.

Según la información provista por la División de Estadísticas Agrícolas del Departamento de Agricultura, desde el huracán Georges que sacudió a Puerto Rico el 21 de septiembre de 1998, las importaciones aumentaron considerablemente, de 129 mil quintales a 211 mil quintales para el próximo año fiscal 1999 a 2000.

Sin embargo, aunque la industria cafetalera logró resurgir luego del temporal, esta cayó nuevamente hasta producir tan solo 120 mil quintales para el año fiscal 2008 y 2009, una cantidad nunca antes vista y que continúa en un descenso casi constante, hasta llegar a la cifra más reciente, del año fiscal 2016 a 2017, de unos 65 mil quintales.

“Cuando abrimos la finca para el 1994, el gobierno decía que habían 15 mil fincas de café en Puerto Rico. Antes de María dijeron que ya solo quedaban casi 5 mil. Hay que preguntarse, ¿qué le pasó a esas 10 mil fincas? ¿Por qué se abandonaron? ¿Cuántas quedarán ahora? Nadie sabe”, cuestionó el codueño de Sandra Farms.

Conforme a González, un factor para la caída de la producción del café puertorriqueño pudo haber sido la disminución de ayudas e incentivos para la industria cafetalera.

Para Maldonado Ramírez, es esencial destacar la relevancia de la siembra del café en Puerto Rico: “La importancia del café es económica porque es el segundo producto agrícola del país; ecológica porque trae la lluvia y sostiene básicamente el clima de la montaña; y social porque la poca gente que queda viviendo en la montaña vive y se sostiene del cultivo de café”.

No obstante, y pese a los retos que ha sufrido la industria cafetalera en la Isla, el cialeño mira el futuro del café positivamente. “Con todo lo malo que hemos pasado desde el 1925, todavía se está sembrando café. Todavía nos bebemos 300 mil quintales de café al año y, un producto que el consumo y cuya demanda es 20 veces mayor que la producción, no puede decaer”.

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